martes, 25 de septiembre de 2012

Mirando los procesos


Nuestra tarea de extensión en las organizaciones muchas veces está sometida al rigor de los productos. Es necesario tener productos y sobre todo indicadores que den cuenta de la tarea. Un ritual de la cultura del final al que muchas veces nos sometemos sin sopesar sus consecuencias. 
Mirando los procesos
¿Cuál es la gota que rebalsa el vaso? 
¿Es la última? 

La respuesta podría ser si, o también no. La última gota lo rebalsa porque hubo muchas otras antes que lo llenaron. 

Lo mismo sucede con los aprendizajes y con los cambios por los que trabajamos desde la extensión. Estos no comienzan cuando se los visualiza, sino mucho antes. Si algo finalmente sucede es, fundamentalmente, porque el proceso que le dio forma no se detuvo. 

El producto de la tarea de extensión es algo necesario, pero debemos ser consientes que siempre ocurre después de un proceso. Hacia allí es donde necesitamos mirar detenidamente si queremos mejorar nuestra tarea. Revisando el diseño de nuestros proyectos para focalizárnos también en aquellas gotas que contribuyen a llenar el vaso. Teniendo suficiente cuidado de no centrarnos solo en la precisión y el control del proceso, porque si así lo hacemos podemos afectar la efectividad. 

Es que cuando solo buscamos obtener y nos olvidamos de dar, nos perdemos la magia que tienen los procesos. Por el contrario, cuando más nos involucramos y nos brindamos en los procesos, más cosas suceden y más cosas nos llevamos.   

Prestar mayor atención a los procesos es una buena palanca para el cambio. Entiendo que tal vez no fuimos formados para eso, y que una sociedad exitista nos dificulta este camino. Pero no es difícil cambiar la perspectiva, se puede si se reconoce la necesidad. Por supuesto será todo un proceso… 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cambio, acción y reacción.


Por Adrián Gargicevich

Cuando vemos como extensionistas que no logramos el cambio por el que trabajamos, muchas veces intentamos justificar la situación pensado que la causa es la resistencia al cambio que reside en el “otro”. No obstante, frecuentemente, esos “otros” se consideran a sí mismos abiertos, con ansias de crecer, cambiar, ser mejor. 

Cambio, acción y reacción
Ambos –críticos y criticados- formamos parte de un gran sistema que lucha por el equilibrio y la conservación. Cuando peleamos por mejorar algo realizamos permanentes esfuerzos e invertimos cuantiosos recursos en proyectos de mejora, pero en el impulso por producirlos, nos olvidamos de una pregunta clave y determinante: ¿Qué es lo que el sistema que pretendemos cambiar está conservando? 

"La historia es un proceso de transformación por la conservación", dijo el biólogo Humberto Maturana. La falla de la mayor parte de las estrategias de cambio, reside en combatir ciegamente los procesos de equilibrio, en lugar de tratar de entender aquello que se pretende conservar. Lograr un cambio permanente, requiere comprender que los sistemas están gobernados por el principio de conservación.

Por ello, un estrategia que proyecta cambio efectivos no solo debe visualizar lo nuevo, lo distinto, sino que también debe considerar y entender aquellos que el sistema desea conservar. El diseño de estrategias de cambio efectivas siempre parte del reconocimiento de lo que no se cambiará. Destina un tiempo prudencial a dicho análisis, no sea que el entusiasmo por la “acción” te deje solitarios parado en el campo de la “reacción” del sistema. 





viernes, 21 de septiembre de 2012

Una definición operativa para los "problemas"


Definir y delimitar problemas.
Por Adrián Gargicevich

La mayor parte de nuestras acciones como extensionistas se "disparan" detrás de un problema. Tener una clara definición y delimitación del problema que abordaremos, es la base del éxito de nuestra tarea. Disponer de una definición operativa de los problemas es disponer de un instrumento potente.  

Debemos tener una mirada atenta sobre la correcta definición y delimitación del problema que nos convoca. La definición es el cimiento de nuestra construcción...y ya sabemos que pasa si no está bien consolidado. 

A continuación encontrarás algunas sugerencias útiles para hacer que los problemas que enfrentamos, sean  "aliados" y no "enemigos" de nuestro desempeño profesional:

a- ¿Cómo definir el problema? El primer paso es tener una potente y clara definición del problema que abordaremos y así poder compartirla para comenzar nuestra la tarea. Según el diccionario un problema es todo aquello que impide o dificulta lograr una situación ideal. A partir de esta definición, será más operativo entender un problema como “la distancia que hay entre una situación real y una situación ideal”, identificar estos dos puntos en el espacio pueden servir para clarificar el tema y comenzar a compartir desde donde partimos y hasta donde se quiere llegar.  Existe un problema, si todavía hay un ideal no logrado y por lo tanto hay una posibilidad de obtenerlo. Los problemas existen en la media que tienen alternativa de solución.

b- Toda definición de problema debe tener una “valoración” clara. Palabras tales como “alto”, “bajo”, “fuerte”, “débil”, al inicio de la redacción del problema, ayudan mucho a entender el lugar desde donde se parte (situación real), y hacia donde se querrá llegar (situación ideal). El ideal no será otra cosa más que un valor opuesto y que nos indicará hacia donde habrá que caminar.

c- La "especificidad" es otra condición que debe cumplir la redacción de la definición del problema. El problema debe expresar su área de impacto en términos concretos  ¿dónde afecta? Por ejemplo, si estamos abordando como problema “la baja eficiencia de la mano de obra” deberemos también expresar puntualmente ¿Para qué actividad?

d- Otro aspecto a considerar para lograr una correcta definición del problema será la “precisión”. Definido el área donde impacta el problema, será necesario también agudizar la redacción indicando sobre cuál aspecto de dicha área opera el problema.  Siguiendo el ejemplo anterior, deberemos expresar a que se hace referencia con esa baja capacidad de la mano de obra: ¿en qué sentido opera?, se refiere a sus habilidades?, a su eficiencia?, etc.

Veamos comparativamente como se ve una definición "tradicional" (rápida) y una definición "operativa"para el mismo ejemplo que veníamos desarrollando.

Definición tradicional (rápida)
Definición “operativa” (elaborada)

Tenemos problemas de mano de obra



Tenemos baja eficiencia operativa de la mano de obra en el sector administrativo


Disponer de una definición del problema que claramente indica la situación real de la que se parte y el ideal a lograr, que valora la situación, que indica específicamente el área de impacto y que precisa los aspectos considerados, es igual a disponer de una guía operativa para la tarea. Mucho mejor si esa tarea es realizada en conjunto y de manera participativa. 

La sugerencia es que le otorgues todo el tiempo que sea necesario para "fraguar" adecuadamente este cimiento. Los procesos participativos tienen dinámicas propias y particulares que hay que identificar y respetar. No te apures porque la construcción puede inclinarse y ser inestable…