jueves, 16 de mayo de 2013

El dilema del cienpiés


Por Adrián Gargicevich

Cuenta la fábula que cuando se le preguntó al cienpiés en qué orden movía sus cien patas, quedó paralizado y murió de hambre, pues nunca había pensado en eso y había dejado que sus patas se encargaran por sí mismas. ¿Debemos involucrarnos en la manera en que se organizan procesos sociales creativos como la innovación? Algunos opinan que no deberíamos hacerlo; otros, confían en la “mano invisible” del mercado. Ambas opciones resultan muy fáciles. Después de todo, somos nosotros quienes habitualmente distribuimos los recursos humanos y financieros para la innovación. ¿En qué basamos dichas decisiones, sino en una reflexión profunda sobre lo que estamos haciendo en la actualidad? (P. G. Engel).  Los efectos positivos o negativos de las acciones que propiciamos se transforman en factores cruciales para las innovaciones.

Más de una vez el trajinar de nuestra actividad nos apura en la selección de las acciones a desarrollar y nos tienta con recurrir a las prácticas conocidas sin revisar si producirán el efecto que buscamos. Tenemos miedo que nos pase lo del ciempiés y actuamos para no paralizarnos. Cuando el apuro o la falta de reflexión nos dejan en  esta situación, es cuando corremos el riesgo de estar haciendo algo que no necesariamente genera lo que pretendemos lograr.  


¿Podemos valernos de alguna brújula para orientarnos? Pensar nuestro desempeño profesional de manera que  cada “acción” tenga el “efecto” buscado, es guiarnos con el ENFOQUE DE LA EFECTIVIDAD  como estrategia (1). Algo simple a primera vista pero que a veces queda en el inconsciente haciéndonos más parecidos al cienpiés. 

Planificar para la innovación con este enfoque implica estar atentos a los efectos que generan nuestras acciones en todo momento, incluso desde el inicio. Los efectos son los cambios generados por un programa o proyecto, sean estos intencionales o no, esperados o imprevistos, positivos o negativos. Los efectos se plasman cuando los actores (directos o indirectos) utilizan e incorporan los productos que están a disposición, pudiendo esto ocurrir desde el inicio de nuestras acciones.  

En la vida, nuestros programas y proyectos transcurren “entre” y “para” los seres humanos, con sus propios desarrollos y aprendizajes. Hoy en día sabemos que las innovaciones no son el producto de procesos lineales. Las innovaciones son el resultados de interacciones social múltiples y compleja. Los efectos/cambios que se pretenden lograr a través de un  programa o proyecto siempre van a estar mediados por un entramado social de muchos actores que tienen intereses diferentes y capacidades distintas para su materialización. Esto hace que nuestra tarea como promotores del cambio desde la orientación a los efectos sea algo mucho más compleja aun. Porque nos obliga a revisar nuestras capacidades y desempeño en cada momento y con cada elección de acción para que el cambio ocurra en la dirección propuesta. Porque cuando interactuamos con otros, el producto no puede ser definido de antemano, se construye y transforma en la interacción. Porque siempre, a toda acción le sucede una reacción. Ver y rever la efectividad de nuestras decisiones en el proceso será nuestra brújula. ¿Qué decidimos hacer? ¿Qué cambia con ello? ¿Es ése el cambio buscado?

Para orientar la mirada hacia los efectos desde la planificación, durante toda la implementación del programa o proyecto y durante el monitoreo, se puede trabajar con la herramienta de la cadena causa-efecto. El desafío para la planificación y el monitoreo es poder identificar la atribución causal mediante los efectos directos y más aún, poder identificar los efectos indirectos. Los efectos directos son los cambios que ocurren como consecuencia del proyecto y se relacionan probadamente con el aprovechamiento de sus productos. Los efectos indirectos son los cambios que no pueden ser atribuidos casualmente sólo a los proyectos, sino a diversos factores independientes que ocurren en el entorno del proyecto.

El enfoque de la efectividad también puede ser usado a título personal. “Por tus actos te conocerán” dice la afirmación popular. Si aceptamos que “somos lo que hacemos” será bueno ir revisando cada tanto si eso “que hacemos” contribuye adecuadamente con lo que nos propusimos como personas. ¿Si te has definido como extensionista para la innovación, lo que haces, te identifica  como tal?. 

Paul. G. Engel. La organización social de la innovación. Royal Tropical Institute KIT Press
(1) Iris Dagmar Barth y  Adrián Luis Gargicevich. La orientación a los efectos como innovación procedimental de planificación y seguimientos para el desarrollo rural. AADER 2012









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