viernes, 1 de febrero de 2013

El cambio ocurre cuando se equilibra el conocimiento codificado con el tácito.


Una buena opción para el cambio es apelar al conocimiento. Pero no solo con intercambiar datos e información codificada se logra el cometido. Para cambiar la realidad hay que saber combinar lo que es codificable como información con aquello que yace en lo tácito: nuestros valores, experiencias y capacidades.


En la tarea de extensión, el cambio se transforma en una meta. Nos alienta la idea de poder contribuir a la solución de problemas; sean estos ambientales, estructurales, de asimetría  de desplazamiento, de competitividad, de equidad, de seguridad, de pobreza, etc. Para lograrlo, apelamos al conocimiento como punto de partida y llegada. Buscamos información y métodos para contribuir con la solución y también intentamos desarrollar en los destinatarios de nuestra ayuda, el conocimiento que les permita una mayor capacidad de respuesta.

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de conocimiento? Es fácil confundir información con conocimiento, si bien la primera puede ser el camino para llegar al segundo, la relación no necesariamente es lineal o directa. La información se ve o se siente, puede ser codificada, es algo que podemos traducir en palabras, letras o imágenes y que podemos intercambiar. Como este texto que estás leyendo. El conocimiento en cambio es una construcción subjetiva, solo ocurre en cada uno de nosotros, los sujetos, es una construcción individual y propia. Se reconoce al observar las capacidades que ejercemos para dominar nuestra existencia. Porque el conocimiento es eso: acción efectiva para el dominio de nuestra existencia.

La construcción del conocimiento depende no solo del intercambio de datos e  información codificada, sino también de los valores, experiencias,  capacidades que posemos, eso que existe de manera tácita en nosotros. Tener conocimiento sobre algo es poder accionar con ello de manera efectiva para dominar una situación. El conocimiento es un producto individual y subjetivo que surge cuando combinamos la información que obtenemos (conocimiento codificable) con nuestros valores, experiencias y capacidades (conocimiento tácito) acumulados durante nuestra vida. Es obvio entonces que si optamos por apelar al conocimiento como estrategia para el cambio, no solo será cuestión de brindar información. Habrá que tener en cuenta el componente tácito que reside en los sujetos con los que cooperamos para poder ayudarlos en la generación de conocimiento o acción efectiva para el cambio.

¿Entonces esto implica una tarea cuerpo a cuerpo?  Sí. Si la propuesta es aporta al cambio desde el conocimiento habrá que saber y entender al otro en el proceso. Ayudarlo a explorar de qué manera la información que podemos aportar, se ajusta o no con sus valores, experiencias y capacidades. Y si la misma no alcanza, buscar o recrear otra para que pueda ser transformada en acciones efectivas. Una tarea que implica completar más que distribuir, ayudando a las personas a reconocer sus patrones de vida. Nadie dijo que esta tarea era fácil. Por eso muchas veces, para eludir el esfuerzo, nos convencemos y apostamos solo a la distribución de información delegando en los otros la responsabilidad de adaptación al cambio.

Pero como muchas otras cosas en la vida hay una de cal y otra de arena. La buena noticia es que, a diferencia de muchos bienes materiales, el conocimiento es un recurso inagotable y que se multiplica en la medida que se comparte… sí, esto es una ventaja invalorable que nos obliga a cambiar nuestras lógicas de razonamiento cuando apostamos al mismo para el cambio. Si queremos contribuir debemos compartir más que acumular conocimientos. Apostando a las ideas, que son las que crean la información y no al revés como normalmente se piensa.

La mente piensa con ideas y no con información. Todos los seres humanos somos fuentes de ideas. Ideas entendidas como patrones integradores que derivan de la experiencia. Un camino alentador para ayudar a crear acciones efectivas para el cambio será entonces explorar las experiencias sobre el tema que se aborda. Dichas experiencias nos permitan descubrir en conjunto las ideas que nos guíen, y que sumadas a la información faltante que necesitamos completar (conocimiento codificado), nos permita hacer la combinación con nuestros propios valores y capacidades (conocimiento tácito) para que se transformen en acciones efectivas para el cambio   

Si queremos ayudar desde el conocimiento en una situación determinada, podemos empezar por tres preguntas simples y secuenciadas para abordar los cambios, las mismas marcan una trayectoria peculiar para la creación de acciones efectivas para dominar la existencia.

1- ¿Qué experiencias acumulas sobre la situación?
2- ¿Qué ideas te movilizan a partir de esas experiencias?
3- ¿Qué información está faltando para poner esas ideas en acción?