jueves, 14 de marzo de 2013

El poder de las emociones en la tarea de innovar.


Por Adrián Gargicevich

“La gente olvida lo que haces, olvida lo que dices, pero nunca olvida cómo le haces sentir” Maya Angelous. Estamos programados para contagiar las emociones aunque no nos demos cuenta. Sean útiles o perjudiciales, las emociones salen y entran en nuestro cuerpo en cada acción que usamos para relacionarnos. ¿Cuanto espacio le has dedicado a considerar las emociones que se ponen en acción cuando trabajas para facilitar innovaciones?.


Las emociones son las reacciones que representan nuestros modos de adaptación a ciertos estímulos. Ellas alteran nuestra atención, nos hacen subir de rango ciertas conductas de respuestas y nos activan redes asociativas relevantes en la memoria. Nos permiten organizar rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, las expresiones faciales, los músculos, la voz, etc., a fin de establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo. También actúan como depósito de influencias innatas y aprendidas. Nos sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas, ... o nos alejan de otros protegiéndonos. ¿A quién no se le erizó la piel de miedo y apuró el paso cuando le salió al cruce un perro ladrando?

Las emociones poseen ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas. Nos dictan como creamos, amamos, odiamos, construimos. No nos abandonan nunca. Entran y salen de nuestro cuerpo condicionándonos a cada instante. Pero por sobre todo tienen la capacidad de ocupar el lugar de los cimientos de nuestros procesos de decisiones. Baya pues que son importante para nuestra tarea!. Será bueno entonces otorgarle el lugar que se merecen para poder mejorar nuestro desempeño como promotores del cambio. Si no lo hacemos, ellas tomarán las riendas y tal vez hagan que nuestros objetivos se vean en problemas.

Las emociones se contagian. SI!!! ... haz la prueba… entra a un lugar con tu mejor cara sonriente y de seguro alguien te devolverá una cara parecida. Igualmente si tu cara es “agria” recibirás de alguien la misma respuesta. Estamos programados para contagiar las emociones y eso puede ser una ventaja si la sabemos usar. Debemos estimular el uso de aquellas emociones que nos sirven para el objetivo, aquellas que nos ayudan a concretar el cambio buscado y evitar aquellas que lo complican. Debemos aprender a limitarlas y gestionarlas. Es cuestión de ejercitar nuestro “radar” para identificarlas y así poder repartir emociones positivas de manera que trabajen para nosotros.

Te propongo mirar este video que nos ayudará a emocionarnos y entender un poco más a estas inevitables intrusas. Échale un "clik"  El contagio de las emociones.

Si nos proponemos trabajar para un cambio en el que también participan otras personas, recuerda que las emociones estarán en el medio jugando su partido. Como extensionistas debemos estar atentos para identificarlas. Con un poco de atención y práctica, podemos aprovecharnos de ellas para mejorar la tarea.

Las acciones que generan los cambios ocurren luego de una tarea de análisis y reflexión. Pero para que la acción ocurran, primero pasan por los "afectos".  Emoción + percepción + acción trabajan juntas en ese orden, para conducir nuestras construcciones personales, nuestro cerebro hace este recorrido, a veces en cuestión de mili segundos.

La base del cambio es la emoción, tal vez no nos damos cuenta y estemos más preocupados por el segundo paso, la percepción: ¿Cómo lo digo? ¿Cómo lo muestro?. Es mucho mejor pensar… ¿Que estoy haciendo para que se sienta?.