lunes, 30 de septiembre de 2013

Anteponiendo las expectativas al conocimiento

Por Adrián Gargicevich

El motor del cambio está en las personas. Se enciende cuando somos capaces de esperar algo mejor. La chispa la produce la expectativa y no el saber, allí está la punta del ovillo. Si tu tarea es acompañar innovaciones, será inteligente considerar las expectativas antes que el conocimiento necesario para el cambio. Pero monitoréalas con frecuencia, éstas migran muy fácilmente con el andar. 

Los que apuestan al cambio centrados solo en la información y el conocimiento, olvidan el poder de la mente para lograrlo. Las personas iniciamos los cambios desde el deseo, y lo hacemos cuando podemos imaginar algo distinto y mejor en la llegada. Reconociendo la meta  imaginaria que cada uno avizora, encontraremos las bases para ayudar en el recorrido. Debemos explorar las expectativas antes de concentrarnos en la información o en el conocimiento para el cambio. ¿Qué se espera lograr? ¿Por qué? ¿Para qué?.

Destinar suficiente tiempo de nuestra tarea como promotores del cambio para encontrar las respuestas que la gente tiene para estas preguntas, redundará en una marcha más segura. Nos permitirá conocer cuál es el camino que se está dispuesto a tomar y cuál es la meta. También nos permitirá conocer las convicciones y los argumentos que las sostienen. Con estos elementos estaremos en mejores condiciones para entender hasta que punto podremos hacer negociaciones y virajes durante el viaje. Aspecto no menor para no defraudar o perder pasajeros durante el trayecto.

Pero como de camino se trata, el paisaje irá cambiando con el avance. Por ello será prudente también revisar constantemente las perspectivas. A medida que avancemos, los puntos de partida y de llegada se verán diferentes porque nos movimos. Este hecho tan obvio no es de menor impacto para las expectativas. Algo esperable puede ser claro al inicio, pero puede resultar más turbio a los pocos metros. Pararse cada tanto un rato en el camino para visualizar nuevamente las expectativas, puede darle más “vidas” al proceso. Como en los video-juegos es cuestión de capitalizarlas para jugar inteligentemente.

Recuerda que la bandera de largada la mueve las motivaciones y no el desconocimiento. La tarea de recolectar o de diseñar la información técnica que produzca el conocimiento para las decisiones de cambio, deberá ser un paso no solo posterior y condicionado por los designios de las expectativas, sino también lo suficientemente flexible para poder ser adaptado durante el trayecto. Mapear constantemente con los actores los cambios en las expectativas, nos ayudará a revisar los objetivos y hacer más efectiva la construcción, el uso y la apropiación de la información que nos acerque a la llegada. 

¿No parece fácil verdad? Se requiere de mucha “cintura” y participación. La buena noticia es que ésta estrategia es mucho más efectiva y más fluida…como la vida misma.