jueves, 19 de diciembre de 2013

Cuéntame una historia…

Por Adrián Gargicevich

Las historias poseen un poder especial, son poderosos instrumentos de cambio porque apelan a las emociones y a la memoria. Si tu tarea es promover cambios, el relato de una historia puede ayudarte haciendo más efectiva la innovación…cuenta historias y abrirás puertas más anchas para cambiar.
  

¿Por qué las historias son tan poderosas? Las historias o narraciones son  auténticas expresiones humanas que nos transportan a la esencia de la experiencia, son una forma especial de comunicación. Durante siglos, el intercambio de experiencias a través de historias ha sido un método fundamental de la comunicación humana transmitiendo de generación en generación costumbres e ideas. Las historias sustentan conexiones, cuando las escuchamos, nuestra imaginación añade imágenes y detalles que nos conectan, nos solidarizamos con los personajes y situaciones porque entendemos los detalles de sus vidas. Las historias son nuestra forma de pensar, son nuestro medio de explicar cómo funcionan las cosas. Ellas nos ayudan a entender nuestro lugar en el mundo, a crear nuestra identidad y a definir valores sociales.

Es bueno contar historias y aprender de ellas. Nos proporcionan un orden, pero por sobre todo nos vinculan. Disparan nuestra imaginación al involucrar a nuestro hemisferio cerebral derecho, haciendo que la información se transmita aparentemente sin esfuerzo, reforzando la comprensión y el aprendizaje. Al igual que al leer un buen libro o ver una película conmovedora, las historias pueden dejar un impacto profundo y duradero en los actores interesados en los procesos de cambio. 

La narrativa y el relato ayudan a facilitar el cambio al permitir que los análisis y las propuestas tomen vida y se conecten con nuestro contexto emocional. Apelando a las emociones se iniciará el cambio por un camino más efectivo, aquel que coincide con la sutil pero ineludible secuencia de la propia naturaleza de la raza humana: la emoción siempre precede a la percepción y esta última a la acción. Está en la ontogenia humana, todo empieza en la emoción. Si la decisión de accionar un cambio es producto de la percepción, y ésta depende de la emoción…por qué no apelar a las historias para emocionarnos, percibir y cambiar?. 

¿Será que la emoción está subestimada como herramienta de la extensión? ¿Por qué motivo nos sentimos más seguros al valernos de los datos y los objetos como únicos bastones en nuestras estrategias de interacción para el cambio?. Las experiencias y los trayectos de vida de los propios actores con los que interactuemos contienen todo lo necesario para encontrar las historias que nos emocionen. Apóyate en el poder de sus historias para ayudarlos a facilitar el cambio, recurre a la interacción humana, recuerda que la intersubjetividad es la materia prima de la extensión.

¿Te lo cuento con una historia?:

“La VERDAD , desnuda y fría, había encontrado cerrada todas las puertas de la aldea.

Su desnudez asustaba a la gente.

Cuando la PARÁBOLA la encontró, ella se acurrucó en un rincón, temblando y con hambre.

Compadeciéndose de ella, la PARÁBOLA la protegió y la llevó a su casa.

Allí, la vistieron con la NARRACIÓN, la calentaron y la enviaron de nuevo.

Vestida con la Narración y protegida por la Parábola, la Verdad volvió a llamar a las puertas de los aldeanos y fue recibida fácilmente en sus casas.

Ellos la invitaron a comer en su mesa y a calentarse junto al fuego”.

(Adaptado de “Historia judía de enseñanza” en Annette Simmons, The Story Factor)