lunes, 29 de septiembre de 2014

3 secretos y 5 pasos para potenciar el trabajo en red.

Por Adrián Gargicevich

Las redes no son más que una forma particular de funcionamiento de lo social. ¿Entonces por qué aparentan tener hoy día más relevancia en nuestras vidas? Para poder valernos de la organización en “red” y potenciar nuestro trabajo de apoyo al desarrollo, es necesario reconocer y estar dispuesta a aceptar su peculiar forma de funcionamiento. Una tarea personal que puede implicar que tengas que moverte de lo acostumbrado para aprovecharlas.  

¿Las redes son un concepto nuevo o revitalizado? Según la Real Academia Española (RAE), una red es un conjunto o trabazón de cosas que obran a favor o en contra de un fin o intento común. Desde el punto de vista social, las redes son formas de interacción, definidas por un intercambio dinámico entre personas,  grupos e instituciones en contextos de complejidad. Un sistema abierto y en construcción permanente, que involucra a conjuntos que se identifican en las mismas necesidades y problemáticas y que se organizan para potenciar sus recursos. Nada nuevo bajo el sol, desde que nacemos están con nosotros, la familia también opera como una organización en red que en nuestros orígenes nos “sostiene”. Entonces ¿Por qué parecen tener una relevancia especial?

A pesar de estar cada día más conectados, vivimos en una sociedad fracturada. Es común ver como crece el aislamiento entre grupos que muchas veces entran en pugna y que alternan su condición de víctimas y victimarios. Se observa un debilitamiento de la posición del Estado y sus estructuras de representación frente a la necesidad de dar respuesta a situaciones cada vez más complejas que lo superan. Muchas veces se percibe que las redes vinculares pierden vitalidad y capacidad para planificar el futuro. Se siente que se pierde el sentido de protagonismo para transformar la condición de vida.

Cuando la justicia no protege,  la educación no sostiene proyectos,  el Estado no garantiza igualdades de oportunidades y el individualismo aparece como único escape válido, la “red“ surge como una alternativa frente a la sociedad fracturada y se revitaliza como estrategia organizacional. Las redes rescatan a los sujetos permitiéndoles seguir perteneciendo a múltiple identidades e inserciones sociales, aceptando las diferencias y el mutuo reconocimiento para construir convivencia y solidaridad.
Las redes nos proponen un modo de articulación multicéntrico, con amplios grados de autonomía entre sus partes, tolerando la fragmentación y buscando organizar la diversidad mediante la articulación de nodos en vinculación solidaria. En ámbitos marcados por la diversidad, la red como modelo de organización, no busca homogeneizar sino organizar la heterogeneidad, permitiendo la autonomía relativa entre sus niveles. Por esto, para poder aprovecharlas, hay que conocer algunos de sus secretos y movernos en su lógica. 
Hay 3 secretos en la organización en “red” que pueden ayudarnos a valernos de las mismas.
a- Las redes son redes de personas, se conectan o vinculan personas. Aunque parezca obvio muchas veces no lo consideramos. Activar una red es conectar personas, y por lo tanto es un trabajo que ocurre en un entorno inter subjetivo. Las organizaciones, las instituciones, los cargos jerárquicos en estas últimas no se conectan. Somos las personas las que nos “subimos” a las redes. Este pequeño gran detalle implica estar preparados y dispuestos a pensar estrategias de activación de redes basadas en la consideración del otro. 
b- Para desarrollar mejores y más eficaces niveles de asociatividad con sentido estratégico en una red, necesitamos partir de cómo son las cosas y no de cómo nos gustaría que fueran. En tal sentido la Cooperación y Competencia no deberán ser dos polaridades irreconciliables entre sí. En los juegos sociales que suceden dentro de las redes, siempre se combinan en diferentes proporciones dando origen a la coopetencia entre los integrantes. Una proporción variable de cooperación y competencia, que cambia según el momento y que modifica su intensidad según la situación. Reconocer qué tipo de combinación de cooperación y competencia se da frente a una acción determinada dentro de la red, permitirá entender y potenciar el recorrido que estamos haciendo los integrantes ante un desafío en red.
c-  En las redes no ocurre el juego de suma “0”, donde uno avanza y el otro pierde o retrocede en formar proporcional como si estuviéramos compitiendo por un capital fijo en disputa. En las redes lo producido cambia en función de lo que hacemos y la interacción puede hacerlo crecer. No se puede razonar el funcionamiento de las redes aplicando los principios de la asignación de recursos escasos como hacemos en la economía. Para entenderla y poder valorar o potenciar su efectividad, será más pertinente indagar sobre las transformaciones que se generan en los participantes, reconocer las pautas que habilitan los cambios que se producen e identificar los impulsores que llevan a la acción conjunta. Cuando las redes se debilitan, no será cuestión de salir a buscar nuevos nodos interesados en conectarse, sino más bien observar si estos aspectos no son la causa del debilitamiento.
Ahora bien, si estás dispuesto a propiciar redes como organizaciones que apoyen el desarrollo, no olvides también de tener en cuenta los siguientes 5 pasos necesarios para asociarse en la construcción vincular. Estos ocurrirán en el juego intersubjetivo que nos proponen las redes y muchas veces no podremos pautarlos teniendo que aceptar los propios tiempos del proceso para que influyan:
1-   Reconocimiento: es el primer paso e implica la aceptación del otro, reconocer su derecho a opinar y existir, tal cual es y no como me gustaría que sea. Aquí hay que poner el cuerpo y trabajar desde la alteridad, reconocer al otro aunque perturbe mis principios y potenciar la innovación a partir de las diferencias.  
2- Conocimiento: este segundo paso es inmediato al reconocimiento, pero implica una profundización del proceso. Implica la necesidad de saber quién es, cómo ve el mundo la otra persona que comparte la red.
3- Colaboración: la colaboración ocurre después de reconocer y conocer al otro. Colaborar es “trabajar con” y representa una tarea de ayuda recíproca espontánea y no necesariamente sistemática. Cuando los integrantes de la red colaboran la red comienza a consolidarse.
4- Cooperación: cooperar implica “operar con”, es un estado superior de la colaboración donde se comparten recursos y actividades. Supone la existencia de un problema en común, pero sin impedir que cada uno siga sus propios objetivos en la cooperación.
5- Asociación: es el último paso en construcción vincular, a diferencia de los dos anteriores, aquí hay un contrato o acuerdo con objetivos y proyectos comunes que las partes no pueden encarar solas. Es un estado superior al que también se puede aspirar desde la organización en  red.  
Atento a los 3 secretos de las redes, resulta ahora más claro saber por qué estos 5 pasos no pueden ser conducidos desde la lógica de las organizaciones piramidales tradicionales. Aceptar el trabajo en red nos interpela como extensionistas. Pone en jaque lo instituido y nos deposita en un nuevo plano de acción, nos invita a ser flexibles y empáticos.    

La red es una alternativa organizacional muy potente y adecuada para trabajar en el apoyo al desarrollo. Para poder aprovecharla se requiere aceptar que son un modo de articulación multicéntrico con autonomía entre sus partes, que tolera la fragmentación mientras organiza la diversidad, que articula nodos en vinculación solidaria pero que a su vez, permite la autonomía relativa entre sus niveles. Como extensionistas nos obligan a capacitarnos para aprovechar sus lógicas y aceptar los cambios que le imponen a nuestro desempeño profesional.  
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lunes, 1 de septiembre de 2014

El valor de los acoplamientos y las estrategias de sincronización en los procesos de desarrollo.

Por Adrián Gargicevich
Crecer no es lo mismo que desarrollarse. El desarrollo no se define por lo que una persona o un territorio tienen, sino por lo que puede hacer con lo que tiene. Para apoyar a un grupo social en su desarrollo es necesario descubrir primero sus capitales y sus potencialidades. Un proceso que requiere tiempo, pero que también ofrece el desafío de entender los modos de acoplamientos y las estrategias de sincronización de los participantes.
Acoplamiento y sincronización

Nuestro devenir como extensionistas solo ocurre en relación a otros. Aunque a veces nuestra atención profesional se vea distraída hacia los objetos (la tecnología, el producto, etc), solo es en el ámbito de lo intersubjetivo donde reside el sentido de la misma. Y es en esa misma intersubjetividad donde se plasma la sociedad.

Nos acoplamos a otros mediante la palabra como una estrategia de perduración. Lo hacemos pagando un costo: el costo de la perturbación. Cada vez que interactuamos, cambiamos, nos modificamos. En muchas ocasiones el producto nos reconforta y tratamos de repetir  la situación más a menudo, como cuando tenemos un ameno diálogo con un amigo, o una agradable cena con conocidos. Pero en otras ocasiones las consecuencias no nos satisfacen.  Más allá del resultado, el encuentro siempre nos obliga a cambiar nuestra forma entender el espacio donde nos desarrollamos. No somos iguales una vez que nos relacionamos, ambos cambiamos, ambos nos modificamos.  

Si estos acoplamientos mediados por la palabra se mantienen en el tiempo con cierta recurrencia, como es de esperar que suceda entre actores en un proceso de desarrollo, el acoplamiento se transforma en estructural, nos da forma. Cuando esto ocurre, la relación nos permite sustentar nuestras individualidades en el devenir de las interacciones. Somos en la medida del grupo, y el grupo es a nuestra medida. Se da un proceso de transformación mutua que perdura si se mantiene un determinado equilibrio. Solo cuando el efecto de uno sobre otro se desequilibra, ocurre el desacoplamiento.  

Tener la capacidad como extensionista de detenernos a reconocer los puntos de equilibrio y los intercambios que se habilitan durante los acoplamientos, nos brinda la oportunidad de reconocer los modos de cooperar, las capacidades y los roles que los actores sostenemos en la acción conjunta. También nos permite reflejarnos, identificando cuales son los acoplamientos que nosotros mismos generamos desde adentro del propio proceso (ya no como observadores, sino como buscadores de nuestra propia forma de perdurar) sabiendo que estamos realizándonos individualmente como miembro del grupo, mientras propiciamos la permanencia del mismo. Un delicado equilibrio que hay que cuidar, manteniendo la individualidad, pero potenciando la acción conjunta.

Pero el comportamiento social no es el resultado exclusivo de nuestras intensiones. La forma de comportarnos socialmente también es afectada por la influencia de nuestros vecinos. Por lo tanto, si nuestra tarea es potenciar al conjunto, será bueno también conocer cuál es la lógica con la que nos movemos cuando estamos agrupados. Mira el vídeo y luego rescatamos algunos aprendizajes para la tarea de extensión entorno a la idea de la sincronización.


Estudiosos del comportamiento grupal de las aves y los cardúmenes descubrieron que hay tres reglas básicas que sustentan la sincronización entre los individuos: 1- todos los individuos están conscientes de sus vecinos más cercanos; 2- todos los individuos tienen una tendencia a alinearse; 3- todos se atraen unos a otros. Por ello, cuando una amenaza los ataca, el más afectado del grupo se aparta del camino haciendo que sus vecinos lo sigan de manera sincronizada según las tres primeras reglas citadas. Así la reacción de uno afecta al conjunto.
Si bien en los procesos de desarrollo social los tiempos de las reacciones no suceden con la velocidad que muestra el vídeo entre los estorninos, muchas veces esto ocurre de manera imperceptible.  En ocasiones somos nosotros mismos, como extensionistas, la amenaza para el grupo. Nos pasa cuando intentamos abrir espacios para el desarrollo usando solo estrategias clásicas difusionistas. Apostamos al discurso como llave para sincronizar un vuelo compartido con otros, y terminamos volando solos.
Estar atentos al comportamiento grupal sincronizado entre vecinos ayudará a detectar amenazas y elaborar estrategias. Comportarse como extensionistas observando las propias reglas de la sincronización ayudará a prolongar la vida grupal, y sobre todo a saber si somos nosotros la amenaza para el grupo.   
El primer ministro Winston Churchill declaró una vez: «Nosotros damos forma a nuestros edificios y, después, nuestros edificios nos dan forma». Quizás se aplica como metáfora para los procesos grupales. Nuestro desempeño profesional deberá estar alerta al devenir de los acoplamientos y las estrategias de sincronización grupales en los procesos de desarrollo en los que participamos, reconociendo que participamos de la construcción conjunta, pero que está también nos da forma a nosotros mismos.