miércoles, 23 de marzo de 2016

Para no confundir INFORMACIÓN con CONOCIMIENTO

Por Adrián Gargicevich

La información y el conocimiento son los elementos esenciales para que las innovaciones ocurran. Trabajan en pareja pero no son lo mismo. Si los confundimos al momento de aprovecharlos, fracasaremos. Para propiciar cambios actitudinales no solo hay que informar, también debemos abonar el “almacigo” para que el conocimiento “germine”. ¿En que difieren? ¿Cómo podemos hacer para que operen en sinergia? 

La primera tarea será tener claras las diferencias. La información se ve o se siente, puede ser codificada, es algo que podemos traducir en palabras, letras o imágenes y que podemos intercambiar. Como este texto que estás leyendo.


El conocimiento en cambio es una construcción subjetiva, solo ocurre en cada uno de nosotros -los sujetos- y surge como producto de una tarea individual y propia. No se puede transmitir, cada uno de nosotros lo debe generar. Se lo reconoce al observar las capacidades conseguidas. Porque el conocimiento es eso: acción efectiva para el dominio de nuestra existencia.

Para no confundir información con conocimiento
Son tan diferentes que si te pones a pensar cómo preguntas para encontrarlos, verás fácilmente la diferencia. Cuando preguntas por información normalmente dices: ¿Dónde está? ¿Dónde la encuentro? …o vas a Google directamente. Cuando preguntas por conocimientos normalmente dices ¿Quién lo posee? ¿Quién lo puede aplicar? Mientras una se busca entre los objetos, el otro se encuentra entre los sujetos.

No obstante te resulte simple y clara la diferencia, a la hora de diseñar proyectos para propiciar cambios actitudinales, es fácil confundir información con conocimiento. Si bien ambos son necesarios, y la primera pueda ser el camino para llegar al segundo, la relación entre ellos no necesariamente es lineal o directa.  

Los cambios actitudinales requieren de datos, pero por sobre todas las cosas, de práctica. Para que operen en sinergia, es necesario estar atentos al vínculo que une la información con el conocimiento. ¿A qué nos referimos? Debemos encontrar y diseñar actividades que permitan a las persona ser capaces de transformar algo codificado (dato, imagen, sentidos, etc), en algo propio de ellas. Algo que se refleje en sus capacidades. 

Será necesario crear dispositivos específicos para que esto ocurra. Si solo piensas en una presentación Power Point, o en mostrar algo a campo, te quedarás “parado” en el terreno de la información. El conocimiento solo se genera cuando se ingresa al “imperio” de las acciones. Se conocerá acerca de “algo” si ese “algo” puede ser manipulado, aprovechado, usado en beneficio propio.

No hay peor error conceptual y operativo en un proyectos, que pretender trabajar para “difundir conocimientos”…Sin embargo ¿no me digas que no lo escuchaste o leíste más de una vez? Lo grave no es que se escriba, o se diga así de mal. Lo grave es intentar arrastrar esta semántica equivocada, a la praxis en un proyecto. Cuando se intenta esto, el proyecto no es efectivo, no cambia nada.

Diseñar un proyecto de cambio de actitudes solo con acciones que quedan en el dominio operativo de la información, no te asegurará que las capacidades cambien. Si te propones generar nuevas capacidades o habilidades en los beneficiarios, el diseño de tu proyecto debe necesariamente contener, práctica, manipulación, dominio de las variables en juego. Debe contener actividades en conexión directa con el “hacer”.   

También debemos considerar los cambios que actualmente nos imponen las nuevas tecnologías de la información y comunicación. El poder de la información se está mudando, por lo tanto será necesario habilitar el intercambio y potenciar las redes de información. No todo lo que necesites informar deberá estar en tu proyecto.

Desde el lado del conocimiento, deberemos recordar que el cambio ocurre cuando se equilibra el conocimiento codificado con el tácito. Lo nuevo surge cuando combinamos las capacidades que obtenemos (nuevos conocimientos codificado por el sujeto), con nuestros valores, experiencias y capacidades acumulados durante nuestra vida (conocimiento tácito). Por lo tanto para poder ayudar a los sujetos con los que cooperamos, habrá que tener en cuenta el componente tácito que reside en ellos, para que generen sus nuevos conocimientos.   

Como resultado de estas aclaraciones, el término “transferencia” solo puede ser usado para referirnos a información, y no a conocimientos. Los conocimientos no pueden ser transferidos de una persona a otra.  

Si eres un agente de cambio (docente, extensionista, promotor, gestor organizacional, etc.), y deseas que este texto no quede solo en el dominio de la “información”, te propongo una práctica de reflexión personal para apropiarte de esta información como conocimiento. 

Te guío con algunos puntos para practicar la reflexión:

1- Recuerda una actividad que alguna vez te tocó organizar para cambiar capacidades en un grupo de personas. Recuerda cómo era el entorno y las personas. ¿Cuántos participaron? Anótalo.

2- Recuerda y anota ¿Qué aspectos se proponían cambiar en los participantes con esa actividad?

3- Registra los pasos que diste en el proceso. Cómo lo organizaste, cuáles fueron los momentos, cuáles fueron las actividades realizadas en cada momento. Anótalas.

4- Clasifica las acciones que desarrollaste en cada momento según pertenezcan al ámbito de la “información” o del “conocimiento”. Realiza una lista para cada grupo. Cuenta las cantidades en ambas columnas: ¿Cómo queda el balance?

5- Revisa los resultados. ¿Cuántos de los participantes de la actividad consideras que operan con el cambio propuesto?

6- Siendo honesto contigo mismo, y considerando que los cambios siempre están afectados por atribuciones (positivas o negativas) externas a la actividad. ¿Cuál es tu conclusión acerca de la efectividad de lo desarrollado? ¿Qué cambios puedes atribuir a las actividades “informativas” y a las de generación de “conocimientos”?     

Espero te entusiasme la idea de hacer esta reflexión, y la compartas debajo en los comentarios con tus reflexiones y aprendizajes. 




miércoles, 2 de marzo de 2016

Orientando la participación

Por Adrián Gargicevich

La participación puede ser considerada “el santo grial” de los proyectos de desarrollo. Para estimularla, no solo se requiere buena capacidad de observación y escucha activa, sino también algún grado de audacia para no quedar atado a los estereotipos. El camino de la participación se despliega de manera diferente en cada caso y por lo tanto, no acepta mapas de precisión sino de aproximación.

Atributos para orientar la participación.
La participación viene ganando espacio como estrategia en los proyectos de desarrollo a partir de registrarse numerosos fracasos donde las metas propuestas no se lograban por falta de involucramiento de los actores. La tarea de impulsar un proceso participativo para el desarrollo, con actores involucrados de manera activa en el cambio de la situación, no es simple y mucho menos lineal. Si se piensan los proyectos como simples cambios de estado de una situación “A” a otra “B”, se puede caer en el desánimo y la frustración cuando aparezca el primer retroceso, situación muy frecuente en los procesos participativos.  

Los proyectos que se valen de la participación efectiva (y no declamada) de los actores, siguen un derrotero más propio de lo caórdico y no lineal. En términos matemáticos, la evolución de un proceso participativo podría ser representada de la siguiente manera como una función entre el tiempo y el efecto.

Evolución de un proceso participativo
Hay momentos en donde la producción del proceso genera rápidamente los efectos deseados, pero hay otros donde se retrocede y es necesario volver a impulsar el espíritu conjunto. Lo importante es poder registrar y hacer visible la resultante final para todos, y así aprender del propio proceso. Repitiendo aquello que nos hace avanzar a grandes pasos, y corrigiendo aquello que nos detiene o nos hace retroceder.
  
Como facilitador de procesos participativos deberás ser consciente y combinar adecuadamente los atributos de rapidez, calidad y nivel de participación en cada caso. No hay recetas ni mapas de precisión para seguir, solo dispondremos del esquema de 3 círculos tangentes que más arriba te presentamos como orientación general para tomar las decisiones en cada caso. El justo medio será una utopía, algo que no amerita el gasto de energías.

Una buena estrategia es avanzar en la tarea conjunta, y apoyarnos entre los participantes para negociar la mejor combinación de los atributos. De esta manera daremos cuenta de que se trata de un buen proceso participativo. No asumas tú solo el peso de conducir el proceso controlando los atributos, correrás el riesgo de estar “declamando” la participación…