viernes, 15 de abril de 2016

La escalera de la participación

Por Adrián Gargicevich

La participación como estrategia para la innovación puede transformarse en un dolor de cabeza para el promotor de procesos de desarrollo. ¿Cómo se alienta? ¿Cómo lograr que sea genuina?...son algunas de las preguntas que nos persiguen. Abordar un proceso desde la “lógica” participativa implica estar dispuesto a perder el poder sobre el mismo. No es tan difícil…es como subir una escalera. Se logra paso a paso y con predisposición a cambiar de perspectiva para no perder el equilibrio con cada avance.

No es la idea de esta contribución entrar en debates conceptuales sobre “que es” o “qué significa” participar. En su lugar, la misma pretende ser un aporte proactivo para aportar ideas que potencien la participación. Y para eso elijo 2 afirmaciones que me permitirán habilitar el recorrido elegido:

-“La necesidad de participación o de ser protagonista de su propia historia es una de las necesidades no materiales que debemos asumir como condición y resultante de un proceso de transformación dirigido a elevar la calidad de vida de una población.” (Werthein y Argumedo, 1984)

-“La participación es una necesidad humana y por ende es un derecho de las personas.” (Díaz Bordenave, 1982)  

La participar implica un proceso de involucramiento de los actores en el cambio de una situación que los interpela. Los intereses, las capacidades, el reconocimiento de los involucrados, la colaboración, y más aun, la cooperación, constituirán sus elementos facilitadores. Una participación efectiva se logra cuando lo integrantes pueden influir en las acciones, en las responsabilidades y en el control de la organización que los convoca. Acciones,  responsabilidades y nivel de control actuarán entonces como indicadores de la calidad de la participación. 

No obstante, también estaremos nosotros en el medio tratando de que esto ocurra… Para realizar un análisis crítico de nuestro papel como promotores del desarrollo frente a un proceso participativo, resulta interesante usar la metáfora de “la escalera”. Lo explicaré gráficamente con 3 imágenes.

Cada escalón superior implica un paso incremental en el proceso participativo. En cada escalón existe una “acción” dominante y un “acto reflejo” de los participantes. En los gráficos los anotamos en diferentes colores para facilitar la identificación. A medida que ascendemos en el proceso, los actores adquieren mayor protagonismo.


La escalera de la participación (a)
Nuestro papel como promotores de la participación cambia también con el ascenso. Es probable que en la base nos encontremos más a gusto, más seguros. Especialmente  si nos encargamos de establecer las “acciones” esperando que el “acto reflejo” ocurra en los demás participantes. Si bien en esta etapa nuestro rol será contribuir en el conocimiento mutuo entre actores, y en la recolección de información básica del tema convocante, si solo nos quedamos parados allí, correremos el riesgo de dominar el proceso y frenar el ascenso del grupo.

Si logramos subir, más arriba, en los escalones medios, nuestro rol cambiará hacia el de mediador o conector, teniendo la posibilidad de reducir nuestras influencias sobre el proceso. ¡Importante decisión! Habrá que estar dispuesto a ceder poder y perder control. Si tienes dudas…solo se valiente, acéptalo! TODO SERÁ MEJOR.

Por último, si el proceso llegó a la cima de la escalera de la participación, tu rol podrá ser el de facilitador de reflexiones y rescatador de aprendizajes. El control no te pertenecerá…habrás logrado el cometido!. EL DESARROLLO HABRA OCURRIDO!.

La escalera de la participación (b)

Ahora bien…¿Cómo imaginas que se sube esta escalera? No esperes que la “ley de la gravedad” sea la que conduzca las energías. En la participación no imperan las leyes de la física. El proceso puede transcurrir en cualquier orden. No te preocupes, al contrario, solo permanece alerta para cambiar tu rol, eso es lo fundamental.

La escalera de la participación (c)
En la medida que el proceso de participación asciende por “la escalera”, se hace más sostenible en el tiempo. Por eso tu papel debe ser siempre orientar la participación y estar atento para identificar y potenciar el estado y la calidad del proceso, reconocer los niveles de delegación y empoderamiento, y por sobre todas las cosas, “lidiar con tu yo interior” para que te permita no pretender ser la “estrella” en todo momento. 

Adelante! Tu puedes! Solo necesitas tirar las amarras de la programación lineal y los tiempos preestablecidos que tanto abundan en los proyectos. Lamentablemente la lógica economicista que predomina en el diseño de proyectos no se adapta a la flexibilidad que exige un proceso participativo…no hemos encontrado la salida todavía…buen tema para investigar, ¿no?

Si te preocupa más puntualmente cómo hacer para impulsar la participación de los jóvenes en las organizaciones, te puedo facilitar una herramienta preparada especialmente. Me la pides en los comentarios del Blog indicándome un e-mail de destino y te le envío de manera gratuita. 


Bibliografía consultada
Geilfus, F. 2000. 80 Herramientas para el Desarrollo Participativo. Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) - GTZ. San Salvador.

lunes, 4 de abril de 2016

Para no confundir DISCUSIÓN con DEBATE

Por Adrián Gargicevich

Una de las actividades estructurantes en un proceso de desarrollo, es el intercambio de ideas entre sus participantes. Lograr que ocurra mediante debates “aditivos”, y no con discusiones “sustractivas”, será la misión del extensionista. Transformar una discusión en debate, es permitir que el intercambio migres desde el control al encuentro. ¿Conoces las variables que diferencian una discusión de un debate?

Si buscamos la diferencia entre ambos términos en un diccionario veremos que no es fácil distinguirlos, incluso podemos pensar que son sinónimos. Para poder valernos de las ventajas que los debates brindan a las innovaciones, será importante reconocer cuáles son las variables que marcan las diferencias.

Discusión Vs. Debate

Para lograr un intercambio aditivo, será crucial prestar atención al proceso de coordinación que se pone en juego en cada caso. Debemos propiciar el intercambio sobre la base de juicios basados en evidencias que los participantes puedan compartir, reconocer y conocer bien. Las argumentaciones generalmente desfavorables, que se esgrimen como opiniones prematuras, sostenidas con tenacidad pero con escaso conocimiento, por lo general son prejuicios. 

Una manera efectiva de identificar si estamos ante una situación prejuiciosa, es revisar el sustento que sostiene cada argumentación. Si la base es la opinión, es probable que se trate de un prejuicio. Propiciar intercambios basados en argumentaciones sustentadas por hechos corroborables por los involucrados, permitirá correr el proceso desde la discusión, al debate. Los hechos críticos reconocibles abren las puertas para el cambio, permiten a los participantes revisar sus certezas y modificarlas.

Si no logramos basar los intercambios en hechos, las emociones ocuparán el terreno de las ideas. Se correrá así el riesgo de habilitar una batalla donde unos ganan y otros pierdan. Las energías del proceso serán mal direccionadas y no podemos permitirnos ese despilfarro.

Tener la capacidad para hacer migrar los intercambios desde el dominio del “control”, al dominio del “encuentro”, implica tener la escucha atenta en todas las conversaciones, y en todos los momentos. Estemos en alerta ya que con frecuencia las emociones nos traicionarán y nos devolverán al terreno de las discusiones. Si queremos que todos ganen en el intercambio de ideas, debemos propiciar los debates.

Coordina para que prevalezcan los juicios. Estimula para que el sustento de las ideas se base a hechos reconocibles. Amplía el espacio para las ideas y reduce el de las emociones. Intenta mantener el intercambio en el encuentro de opiniones para que todos ganen.