viernes, 24 de marzo de 2017

Solo en el jardín de los vínculos las ideas florecen como innovaciones

Por Adrián Gargicevich

Las ideas son la materia prima que necesitamos para innovar. Nacen, crecen, se reproducen y mueren a partir de las relaciones entre las persona. Su entorno vital es muy lábil, si los vínculos se rompen, una buena idea puede fracasar o morir… Las organizaciones orientadas hacia la innovación, deberán entonces cultivar cuidadosamente este jardín ¿Tu organización tiene jardineros capacitados para esta tarea?
Solo en el jardín de los vínculos las ideas florecen como innovaciones
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La dependencia que se genera entra una idea y los vínculos entre las personas que la rondan, son la base para que la innovación opere. Para ser efectivo, el tándem idea-vínculo-innovación requiere de una organización que lo soporte.  Organización en un sentido amplio, independiente de su formalidad o duración en el tiempo. En este análisis vamos a considerar como organización, aquellas que están institucionalizadas (con sello, con estructura, funciones, cargos, etc.) como a las informales; las duraderas o las efímeras. Sea cual fuese el caso, analizar el tipo de organización para promover cambios nos permitirá entender que tan propicio es el espacio para cultivar ideas que florezcan en innovaciones.

La importancia que se le asigne a la forma de la organización como condición para su  funcionamiento, será un punto clave en el análisis. Si el centro de atención de la organización  se concentra en la forma, es probable que las energías vitales de sus componentes terminen orientándose hacia la estructura, quedando adormecidos los mecanismos que propician las interacciones. Cuando esto ocurre, se debilita el entorno vital en el que germinan y se mantienen vivas las ideas que sostendrán las innovaciones. Y muchas veces, cuando el poder se transforma en un valor en la organización, si a pesar del control llega a nacer una idea… la misma se transforma en un botín a ser conquistado  y  controlado… ¡no vaya a ser que peligre la estructura!

Las ideas nacen de la conectividad, de las conversaciones entre las personas. Una vez que han nacido su éxito o fracaso depende de elementos culturales y organizativos. Si una organización que tiene como misión propiciar las innovaciones sufre el síndrome de la estructura, estará poniendo en jaque la disponibilidad de ideas como recurso básico para ese cometido. Estará afectando su propia capacidad estratégica para la misión que se propuso. Si ésta es la situación, poder identificarla se convierte en la oportunidad para mejorar la efectividad innovativa. La tarea implicará luego reconectar bien los cables y hacer que la energía vuelva a fluir desde las formas, hacia a los vínculos y conversaciones entre los integrantes.

¿Cómo podemos adecuar nuestra organización para que más ideas se conviertan en innovaciones? 

Las estructuras organizativas tradicionales jerárquicas no sirven para sostener ideas y propiciar innovaciones. Ellas fueron creadas para una lógica donde la prioridad es delimitar funciones y permitir estructura de mandos para el control. Funcionan bien para una factoría en serie, pero no para propiciar el desarrollo. Formatear una organización para crea ideas y potenciar innovaciones, implica poner en el centro de atención las conexiones entre las personas. Potenciar la inteligencia colectiva y el liderazgo distribuido y nómade.

Tenemos dos potentes razones para que  cualquier organización destinada a la innovación, tome la forma que mejor propicie la conexión entre personas: 1 las ideas y 2 la innovación: ambas residen en la conectividad. Las ideas nacen, crecen, se reproducen y mueren a partir de las relaciones entre las personas, y la innovación ocurre como producto de los sistemas de información y conocimientos que las personas construimos cuando compartimos un ideal.

Entonces parece simple: la forma que debe tomar una organización que cultiva ideas para florecer en innovaciones es aquella que propicia el encuentro por sobre el control.  Pero no es fácil lograrlo… estamos muy acostumbrados a las organizaciones tradicionales, y nos resulta bastante difícil lograr acuerdos para pensar organizaciones centradas en el encuentro. Pero algunas ventanas ya están abiertas para que esto ocurra... y si tu llegaste hasta aquí leyendo… es porque ya estás acostumbrándote a mirar por ellas.

La organización en red: una ventana al encuentro

Ya sabemos que los organigramas solo reflejan la realidad formal de una organización, y que están muy lejos de reflejar la manera real en que nos coordinamos. También sabemos que las innovaciones florecen desde las redes de personas conectadas en conversaciones que no responden a organigramas prefijados. Sabemos que los grupos de influencias, o tribus, o clanes, son los que sostienen o destruyen las culturas que impulsan o matan las ideas. Ellos habitan en estructuras informales, difíciles de identificar, dibujar, o sistematizar.  Hacia allí tenemos que mudarnos si pretendemos construir jardines de ideas donde florezcan las innovaciones.


Pero la tentación suele ser grande. Como vivimos normalmente inmersos en organizaciones tradicionales, principalmente jerárquicas, el primer impulso para reconocer este nuevo hogar suele ser fuerte. Necesitamos poder conocer y describir la organización en red, para poder entenderla y así poder proponer acciones en ella. De lo contrario no podremos clasificar los resultados que se producen en las redes, y no nos sentiremos cómodos o tranquilos.  Así de simple!... La tentación aparece porque es en las organizaciones tradicionales donde nos enseñaron que el control es lo esencial y, como somos chicos obedientes… cumplimos. 

La perspectiva en la organización en red es diferente. Para que una red opere, la lógica consiste en propiciar el encuentro antes que el control. Para ello hay que cambiar nuestras costumbres y dominar las herramientas específicas que potencian el encuentro. Por eso, si aceptas el desafío de operar en organizaciones en red para que las ideas florezcan como innovaciones, primero debes desaprender la lección del poder y aprender la del encuentro. ¿Qué no te animas? Vamos!... la propia red te ayudará! Confía! … No te olvides del dilema del cienpiés.

 El tiempo de los grises
Se suele escuchar por allí que “la organización tradicional a muerto”… yo mejor pensaría como la frase (discutidamente atribuida a“El Juan Tenorio” de José Zorrilla …”los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Creo mejor pensar un tiempo de grises, donde seguirán conviviendo las organizaciones tradicionales, cada vez con menos poder a medida que avance el tiempo, junto con la organización en red que le irá ganando terreno.

Un momento de convivencia en la historia de las organizaciones, donde las formas tradicionales se encarguen de la gestión del emprendimiento, y las formas en red, de potenciar las innovaciones y el aprendizaje organizativo. Un tiempo histórico para aprender a moverse en un colectivo de opciones estructurales. Un período de oportunidades en términos organizacionales. Oportunidades para redefinir los perfiles del liderazgo, las relaciones de poder, de influencia, de interacción. Para pensar los nuevos roles y capacidades que se requerirán para que opere la organización en red. Una nueva cultura que llevará tiempo en  consolidarse.

Una opción es pensar en algo así como un vivero dentro de la organización tradicional, donde se cultiven de manera cuidada las ideas y las relaciones que luego florezcan en innovaciones. En tanto el clima organizacional en el exterior vaya mejorando, y nos permita cultivar las ideas a campo abierto. Si me das a elegir, yo trabajaría en ese vivero. Allí se estará preparando el ambiente organizacional que disfrutaremos en un futuro no muy lejano. Será una buena escuela de aprendizaje. ¿Qué tal si te animas a proponerlo en tu organización?... ¿Te ayudo?

Fuente: Cambio tecnológico y cambio organizacional. La organización en red. José Ignacio Porras Martínez. https://polis.revues.org/7998